jueves, 10 de marzo de 2011

El papel en la acuarela

Los colores y el papel, son los dos elementos indispensables y más importantes en la técnica de la acuarela. En la acuarela debe su importancia a que se integra completamente con la obra definitiva, ya que todos sabemos que el color blanco de la acuarela es generalmente su soporte. En cualquier otra técnica el soporte se enmascara detrás de la capa pictórica, pero en la acuarela este se integra físicamente con el propio pigmento como en la pintura al fresco, sin una obligatoria preparación o imprimación previa.

La técnica de la acuarela es un medio que se basa en la dispersión de unos pigmentos ligados con goma al ser disueltos con agua. Esta característica condiciona por completo la importancia del papel y su forma de reaccionar al someterse a la humedad del medio, a los lavados, a los levantados de pintura, a los frotados y raspados que podemos usar al trabajar esta técnica. La capacidad de absorber y retener la pintura, su superficie, la textura que ofrece, su color natural, el encolado, su composición y comportamiento ante el envejecimiento, la resistencia a la luz, a los agentes externos y su peso determinarán sensiblemente el acabado de nuestra obra. Tal es su importancia, que algunos artistas unen su técnica de forma tan estrecha a una marca y tipo de papel que les ofrece serios problemas el cambiarlo cuando lo precisan.

FABRICACIÓN Y COMPOSICIÓN

El papel de acuarela se compone de agua, pasta de madera (celulosa) y fibra de algodón. El buen papel al menos debe tener un 50% de algodón o mejor aún, el 100% pues le aportará resistencia, elasticidad y absorbencia.

Las fibras de algodón que se usan son las más alejadas de las semillas tras triturarlas y peinarlas y se les llama “trapo de algodón”, siendo estas las más largas y flexibles y las que ofrecen mayor resistencia al desgarro, ofreciendo además un color blanco natural que no necesita blanqueo artificial.

La principal diferencia entre el buen papel de acuarela está en el encolado. El encolado consiste en una capa que se suele dar en ambas superficies de la hoja, y muchas veces también internamente, lo cual permite a la acuarela quedar en la superficie, dándole más luminosidad y facilitando su expansión y levantado. Los mejores papeles se encolan con gelatina tanto en masa como en superficie. También para evitar que las fibras, al ser naturales, amarilleen o se oscurezcan, se suele añadir a la pulpa un agente para regular la alcalinidad del papel y mantenerla neutra. Por último se puede añadir algún agente fungicida.

En la calidad de fabricación del papel debemos considerar en primer lugar que sea 100% de algodón (nunca menos del 50%). Referente a la acidez, el papel ideal debe durar siglos en condiciones normales de almacenamiento. Los ataques ácidos pueden decolorar, volver frágil y quebradizo al papel, o bien degradar pigmentos sensibles como el azul ultramar. La escala de Ph del papel debe mantenerse neutra (7,5). Lo más sensato para el acuarelista es adquirir un papel libre de ácido. Un buen papel debe ofrecer un color natural, sin aditamentos externos para blanquearlo pues su color dependerá de la calidad y cantidad de encolado interno y externo, la pureza del agua utilizada en la fabricación, la temperatura y la cantidad de tiempo de preparación de la pulpa.

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